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06/Noviembre/2017 
Artículo Único
Angel Mario Ksheratto
¿Dónde está todo el dinero?

Las cobranzas públicas al gobierno del Estado, se han vuelto cotidianas. La deuda contraída con proveedores y prestadores de servicios, es incuantificable, de tal forma que, en el universo de cifras y datos, la sospecha de un megafraude al erario, gana… Y por mucho. Desde el inicio de la actual administración, se dijo que las finanzas públicas estaban robustas, discurso que se mantuvo hasta finales del 2014, cuando los adeudos oficiales, ya tenían a muchos empresarios al filo de la bancarrota.

Conforme pasaron los meses y los años sucesivos, la catástrofe era inocultable y ahora, irreversible. La recesión se hizo evidente y caótica, lo que obligó al gobierno de Manuel Velasco a reducir la carga burocrática, dictar medidas de austeridad y recortar la inversión pública en porcentajes que terminaron siendo insultantes.

Ninguna de esas medidas ha surtido efectos favorables; frente a la realidad, se construyeron discursos paralelos multidireccionales que tuvieron resultados nulos: se anunció la reactivación económica mediante programas de impulso a diversos sectores productivos, se ofreció reanudar la obra de infraestructura, se abrieron nuevos frentes de incentivación hacendaria, se hicieron promesas de combatir la corrupción en la administración pública y se amplió la asistencia social. Pero la crisis no amainó.

El pretexto para no pagar los estratosféricos adeudos, tomó cuerpo: “no hay fondos”. No obstante, los gastos superfluos se mantuvieron. Por ejemplo, la contratación de afamados artistas para las ferias pueblerinas, cuyos emolumentos son millonarios; la manutención —a espaldas del pueblo—, de un equipo de fútbol que tras descender de categoría debió desaparecer y el pago de costosa publicidad en otros estados y medios de comunicación nacionales, principalmente en los dedicados al chisme arrabalero, por citar solo algunos gastos onerosos e innecesarios.

La cantaleta de la falta de dinero para saldar contratos de servicios y el pago a empresarios, no ayuda a la pretendida honradez y transparencia oficial; si revisamos los números en cuanto al presupuesto, encontraremos que recursos financieros, sí ha habido y a raudales. Por otro lado, está la obligatoriedad del gobierno a pagar, en virtud de estar, el dinero retenido, debidamente presupuestado. No hacerlo, será una falta a la ley y, desde luego, un robo con todas las agravantes.

Veamos las cifras: del año 2013 al 2017, la administración de Manuel Velasco Coello, ha tenido en sus manos, nada menos y nada más que 388 mil 430 millones 496 mil 627 pesos. Su presupuesto anual ha ido en notorio aumento, en comparación con el de su antecesor (Juan Sabines), que rondó entre los 55 mil millones y 62 mil millones anuales.

Así tenemos que en el 2013, el Congreso aprobó al actual mandatario, 66,869’989,698.00; en el 2014, 78,061’572,475.00. En el 2015, su presupuesto fue de 80,393’124,585.00; en el 2016 alcanzó los 81,214’666,503.00, mientras que en éste año, ha sido de 81,891’143,366.00.

La multimillonaria cantidad, no es para echarse en saco roto. Como ya se ha dicho, son números etiquetados que no deben retenerse bajo ningún pretexto. Y solo estamos hablando del presupuesto estatal; solo en el año 2016, para el ramo 33, la federación envió a Chiapas, 37 mil 34 millones de pesos; para el ramo 28, se asignaron a la entidad 26 mil 140 millones de pesos. Aparte, otros rubros etiquetados, como por ejemplo, para el tema carretero, la federación destinó a Chiapas, 3 mil 479 millones de pesos, para ese mismo año.

Ahora súmele los recursos del FONDEN por los desastres ocurridos, el dinero extraordinario para la reconstrucción, la ayuda externa por el terremoto, las aportaciones de otros gobiernos por el desastre, ¡y el, o, los préstamos (endeudamiento, más bien) que recién autorizó el Congreso del Estado!

Como podemos ver, dinero ha habido y hay; lo que no ha habido, es voluntad para cumplir con los acreedores. Lo que hay es un descarado robo por parte de la Secretaría de Hacienda, que el gobernador Velasco solapa, ya por placer, ya por complicidad, ya por desconocimiento o ya por valemadrismo.

El gasto en promoción personal y publicidad institucional, ha sido exagerado; de los 240 millones 893 mil 319 pesos etiquetados en los últimos cinco años para tal rubro, el triple —tomado de otros fondos—, se han erogado en medios nacionales, mientras que a los locales, les han recortado la partida o de plano, han rescindido los contratos de publicidad oficial.

Si ha habido recursos y no se pagan las deudas, es de sospechar que alguien se está haciendo millonario. Todos nos preguntamos dónde está todo ese recurso. ¿A quién está beneficiando generosamente? Esa pregunta, sin duda, solo sabrá responderla uno: el número uno. 


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