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18/Octubre/2017 
Artículo Único
Angel Mario Ksheratto
“Independientes”, el negocio de moda

Cuando desde hace años se empezó a deliberar sobre el tema de los “candidatos ciudadanos” o “independientes”, se presumió que ésa podría ser la fórmula perfecta para desechar por completo y de manera definitiva al anquilosado y corrupto sistema partidista mexicano. Se discutieron las reglas, se pusieron candados y se adelantaron expectativas alentadoras.

Ahora, cuando la ocasión nos ha alcanzado, vemos con preocupación que el remedio, no funcionará; no, porque se basa en reglas complacientes, carentes de sentido democrático y por mucho, obsoletas frente a una realidad mucho más allá de la cortedad de visión de quienes tienen en sus manos la tarea de organizar el proceso electoral.

Se esperaban, cuando mucho, dos o tres candidaturas fuertes, confiables; aspiraciones depositadas en ciudadanos con la suficiente estatura moral pero además, con un proyecto de nación sustentado en la experiencia nacional y de acuerdo a entornos sociales, comerciales, económicos, políticos y financieros, adversos para un país que entre muchos retos, debe hacer frente a la xenófoba presión y ataques del presidente estadounidense que, quiérase o no admitir, influye de todas formas en la vida doméstica local.

Las candidaturas “independientes”, surgieron como hordas por todas partes. Ochenta y cinco personajes se inscribieron para lograr la nominación a la presidencia de la república y cientos más —quizá miles—, para cargos en el Senado y la Cámara de Diputados Federales. La depuración del Instituto Nacional de Elecciones, dejó a 45 como probables candidatos a la presidencia.

Es una cifra impresionante y exagerada pero también, poco confiable, puesto que de todos ellos, uno o dos son reconocidos y no por su calidad moral y compromiso ético con México, sino por corruptos desligados de partidos con la misma filosofía: acceder al poder para robar.

El hecho mismo de pelear por una “candidatura”, es una muestra de la falta de compromiso real. Si revisamos las cifras con respecto al financiamiento que habrán de recibir para sus respectivas campañas electorales, la suma entre todos, es multimillonaria. Justo cuando la discusión se recalienta por el excesivo financiamiento a partidos políticos formales y se exige a éstos, reducir costos y aceptar la reasignación presupuestal para ayudar a la reconstrucción del país tras los terremotos, ¡surgen cientos de candidaturas independientes que suponen un gasto extraordinario y abusivo!

Todo se deriva de falta de reglas contundentes pero sobre todo, claras. Los requisitos para obtener el permiso para una candidatura de esa naturaleza, son mínimos, risibles. Por mucho que digan que los reglamentos son rígidos y exigentes, son éstos, insuficientes para, por lo menos, garantizar cierto ahorro, principalmente ahora que el país se encuentra en una severa crisis económica y en emergencia.

Seamos francos: que nadie se escude en la “democracia participativa”, porque ésta al final, no existe. De hecho, ganará la presidencia quien sea impuesto por las cúpulas de poder empresarial, económico y político. Aun así ganare Manuel López, no estará exento de manipulaciones poderosas, contra las que ninguno de los actuales aspirantes podrán hacer nada.

Los casi 43 millones de pesos que aprobó el INE para las candidaturas independientes, se distribuirán en un 33 por ciento para cada uno; aparte, podrán recaudar fondos privados. ¿Fondos privados? ¿Y los candados para evitar que reciban dinero proveniente de fuentes criminales?

La normatividad es ambigua en ese sentido. Aun cuando los métodos de fiscalización fueren efectivos, la trampa es evidente, lo que nos augura candidaturas que más que otra cosa, serán lavaderos de dinero ilegal, amparados en una presunta democracia.

En todo caso, estamos ante un derroche excesivo de recursos públicos y privados que, en una democracia plena (que, insisto, no existe) no debería suceder, al menos en la mente de los manipuladores políticos que pretenden engañar a los mexicanos.

Hay que agregar, por tanto, que tales candidaturas, no garantizan un proceso impecable, sino por el contrario, son una muestra de irresponsabilidad que afecta directamente el gasto público del país. Todos los “independientes”, saben a ciencia cierta que van a perder. Lo único que ganarán son los miles de pesos que el INE les otorgará. Buen negocio, ¿no?

El alegato que éstos pulverizarán el voto a favor o en contra de determinado político, es pueril e insulso. Muchos, a la hora, por un billete extra, declinarán a favor de uno u otro de los candidatos fuertes. Lo que era esperanza, terminó siendo negocio redituable… A costa del empobrecido y violentado pueblo de México. 


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