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27/Septiembre/2017 
Artículo Único
Angel Mario Ksheratto
Desvío de despensas en Tonalá

Por distintas vías, damnificados por el terremoto del 7 de septiembre, hicieron una denuncia en el mismo sentido: cientos de despensas estaban siendo acaparadas en una bodega del Club de Leones en la ciudad de Tonalá, una de las más afectadas. Corroboré las versiones con dos fuentes semioficiales y confirmaron que sí, en efecto, existía una bodega de ese club, habilitada como “centro de acopio”, aunque aclararon que a pesar del letrero que la identifica como tal, ésta ha permanecido cerrada y “de vez en cuando la abren para extraer despensas”.

Los denunciantes coincidían en todo: nombres de las responsables y objetivo de éstas, así como el modus operandi. Todos mencionaron a Aracely Martínez Ramírez y Juanita Zavala, como las principales operadoras y a Irma de los Santos de Prado, beneficiaria directa.

Junto a algunos colaboradores de ellas, disponen de la ayuda humanitaria para repartirla en colonias y comunidades donde el seísmo no ocasionó ningún daño. "Mir usted —denunció uno que se identificó como damnificado— sacan 15 o 20 despensas y se las llevan a colonias donde no las necesitan; nosotros no hemos tenido atención de ninguna autoridad, ni siquiera una botella de agua nos ha llegado y eso no se vale”, dijo.

Otro contó que a un familiar suyo que no tuvo afectaciones, le entregaron una despensa, a cambio de una fotocopia de su credencial de elector y la recomendación de no olvidarse de la señora de Prado el día de las votaciones. Claramente, hay un uso abusivo, grosero y oportunista de la generosa ayuda que gente de otros estados, está enviando a los damnificados.

Pocos minutos después de haber publicado la denuncia en las redes sociales, una mujer que conocí hace años en la talacha reporteril, me contactó para defender a una de las implicadas, la señora Martínez Ramírez.

Que es la mujer más honrada del mundo, que sería incapaz de cometer una felonía de esa naturaleza, que las despensas se las envió un familiar residente en Puebla, que ayuda desinteresadamente a los demás… en fin. Le sugerí que le diga a su defendida que el espacio está abierto para que aclare la situación. ¿Quién le dio las despensas? ¿Dónde las ha repartido? Esperé hasta media tarde y ninguna respuesta.

“¡Jesucristo Brigadier —pensé cuando leí tanta belleza—, me he metido con la madre de la Madre Teresa de Calcuta!”. La defensora, sin embargo, reveló el único defecto de la aludida: “Tiene un carácter de la chingada”. Dejé de sentirme el pecador más miserable en toda la historia de la humanidad.

Por otro lado, Irma Velázquez Vicente, supuesta trabajadora de la secretaría Técnica de la Comisión para la Transparencia de la Reconstrucción (o como se llame esa instancia del Congreso del Estado), me llamó para solicitar dos cosas: el nombre y dirección de los denunciantes y “pruebas documentales” de ésta.

Me negué, primero, porque no se puede exponer a los denunciantes a potenciales riesgos. Y porque las fuentes no se pueden revelar. En cuanto a lo otro, no podemos, los periodistas, hacerle la chamba a los diputados integrantes de esa comisión. La denuncia está ahí; que vayan, investiguen, indaguen y recomienden las sanciones a que haya lugar. Si es que no ya sacaron las despensas de ese lugar y las fueron, o a repartir o a esconder a otra parte.

Hace unos días, el gobernador Manuel Velasco se comprometió a enviar a la cárcel a quienes den mal uso a la ayuda humanitaria; he ahí, una buena oportunidad para dos cosas: cumplir la advertencia y mandar un claro mensaje a las aves de rapiña que quieren comprar votos con lo que a las víctimas del terremoto, corresponde.

Porque tras la denuncia pública, hubo llamadas que confirmaron el delito e incluso, agregaron que parte de los beneficios de esa conducta ilegal y ofensiva, sería para el secretario de Pesca, Miguel Prado de los Santos, quien busca ser candidato al Congreso Federal.

La ley debe aplicarse; que hay dos o tres que canonizan a una de las implicadas, no significa que no esté lucrando con la desgracia de miles de chiapanecos que sí necesitan una despensa. Un estado de leyes, debe prestigiarse por sus acciones, no solamente por sus discursos. Lo menos que pueden hacer es investigar.

Y ya. No para cuando las evidencias hayan desaparecido y salgan con su batea de baba, diciendo que todo fue un mal entendido o en el peor de los casos, que se trató de una calumnia. Permitirlo será destruir el discurso y fortalecer a la impunidad, el abuso, los excesos y la corrupción. ¿O no?


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