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18/Septiembre/2017 
Artículo Único
Angel Mario Ksheratto
¡Ah, presidentito!

Cuando chaval, me tocó presenciar una riña entre dos compañeros escolapios. Era la época en que el bullying se resolvía a trompadas y los maestros tenían autorización para castigar severamente a los mal portados. (Y cuidado con quejarse con los padres porque se recibía una nueva ronda de latigazos.) Es el caso que los pequeños titanes, se trenzaron en un largo abrazo, sin lanzarse golpes.

Un metiche cualquiera, intervino para separarlos y obligarlos a pelear “como machos”. Uno de los rijosos, se olvidó del rival, sacó una hoja de afeitar de sus bolsillos y arremetió contra el entrometido, causándole heridas notorias por el escandaloso sangrado.

Es la misma escena que estamos viendo en el plano internacional. Dos locos presidentes —Kim Jong-Un y Donald Trump—, en acalorada discusión por los constantes lanzamientos de misiles por parte de Corea del Norte; los dos picapleitos, suben y bajan el tono de sus alegatos, pero no se atreven, aún, a hacerse daño.

Y ahí va el metiche: Enrique Peña Nieto, el desabrido presidente mexicano que, días antes, en un acto de sumisión frente a Trump, ordenó la expulsión del embajador norcoreano, un tipo que ni olía ni hedía, ni nada. Un embajador como cualquiera. El pretexto fueron los últimos lanzamientos de misiles que sobrevolaron territorio japonés, acción condenable desde cualquier punto de vista, pero que no correspondía al gobierno mexicano tomar como suyo.

La tradicional política exterior de neutralidad y no intervencionismo de México, fue rota por mero capricho personal y lo peor: para congraciarse con un tipo que no ha ocultado su odio por los mexicanos… para llamar la atención de Trump, que sostiene su menosprecio con medidas unilaterales dolosas y claramente violatorias de los derechos humanos de millones de mexicanos en Estados Unidos.

Aunque Peña Nieto podría proponer algunos puntos de acuerdo para proteger a los migrantes en USA, se prevé que los puntos medulares de su discurso ante la Asamblea General de la ONU —a la que asistirá, desde luego, Trump—, se enfoquen en el tema de Norcorea. Se ha planteado que el presidente mexicano externe una condena al presidente Kim Jong-Un y, por supuesto, una declaración de respaldo al gobierno estadounidense.

Si bien la reunión es la mejor plataforma del líder estadounidense para obtener apoyo internacional y doblegar al rijoso presidente de Corea del Norte, parece ser que el más interesado en el asunto, es Peña Nieto, quien por cierto, recientemente recibió en el palacio nacional a Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, el otro gran interesado en lanzar un ataque definitivo contra los coreanos.

Como metiche, Peña Nieto parece hacer un buen papel, a cambio de nada. Porque hasta éste lunes, Trump mantiene su discurso antiinmigrante y antimexicano. “No puede ningún país, cargar con la carga de migrantes y gastos militares”, dijo casi llegando a Nueva York, lo que augura que desde la ONU, abofeteará a los mexicanos.

Ojalá y México, como país, no pague las facturas que el presidente está adquiriendo para congraciarse con el enemigo número uno de los mexicanos. ¿Qué tiene que meterse en el pleito entre Trump y Jong-Un? ¿Qué beneficios obtiene el país?

Llama la atención que a la convocatoria de la ONU, no hayan asistido los presidentes Vladimir Putin de Rusia y el de China, Xi Jinping. Para empezar, Peña Nieto no debió acudir a esa asamblea. La emergencia tras el terremoto, debió ser pretexto para excusarse y la razón para atender la gravedad de la crisis que pasa el país.

De Peña Nieto se ha dicho siempre que suele ser candil de la calle y oscuridad de su casa; hoy lo vuelve a reiterar. Mientras su contraparte estadounidense mantendrá su política contra nuestros paisanos, él llegará a ponerse de rodillas y ofrecer todo el apoyo para atacar a un país que ni nos va ni nos viene. ¡Ah, presidentito que nos cargamos!

Como el metiche de la historia que inicia éste artículo, corremos el riesgo que uno de los dos, se voltee y nos dé una buena tunda. De hecho, el defendido del señor presidente, ya nos está porraceando. Y todo, por metiches. 

México debe volver a su política de neutralidad. En los niveles en que gringos y coreanos se están agarrando, no es aconsejable meterse. Eso no lo entiende Peña Nieto. No ha medido la dimensión de las consecuencias que podría traer para el país, meterse en lo que no le importa. Ojalá, recapacite, lo cual, por desgracia, lo dudamos. 


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