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29/Agosto/2017 
Artículo Único
Angel Mario Ksheratto
¿Qué informan los desinformados? 

“Informe de Actividades Legislativas”; así han nombrado la mayoría de legisladores a los eventos masivos en los que, suponen ellos, dan cuenta del “trabajo” que realizan en las tres cámaras de representantes del país. Las reuniones se abarrotan de dos tipos de personas: los aduladores profesionales de los informantes y los mismos que van a todos los informes donde a cambio de hacer bulto, obtienen una prebenda insignificante cuando no, una raquítica despensa que ataranta al hambre medio día.

Desatada la parafernalia, el diputado local, federal o senador, desenfunda el palabrerío fatuo, hueco, impreciso, engañador, manipulador. ¡Lo han hecho todo! Leyes benéficas para todos, gestiones financieras, programas de desarrollo, normativas incluyentes…

Y exigen a cambio, el aplauso atronador que les permita sentirse los elegidos del Altísimo, para postularse para el siguiente cargo; claro que la ovación arrancada a fuerza de promesas incumplibles y logros no alcanzados, deja a los legisladores con la sensación de tener la siguiente elección en la bolsa. Y como El Jibarito, vánse locos de contentos a convencer a los ausentes, de su músculo social.

Se tratan —los informes que se han estado presentando— de un engaño y un autoengaño; los asistentes a tan onerosos encuentros, engañan al legislador o legisladora, haciéndole creer que han ido dispuestos a abrazar sus propuestas y han ido para agradecer el supremo esfuerzo que hacen para que vivan a sus anchas. El informante, por su lado, cree que la perorata desembuchada, ha convencido a los asistentes, a pesar de tener la certeza que aquellos han llegado a cambio de algo.

Quienes conocen del trabajo legislativo, saben a ciencia cierta que no hay un solo diputado local o federal y ni un solo senador, que trabaje. Sin ninguna excepción, las leyes que aprueban se las entregan redactadas desde Palacio de Gobierno y en la mayoría de las veces, ni siquiera se toman la molestia de leerlas, de tal forma que las sancionan a favor, con todo y los errores ortográficos y tecnicismos obsoletos que pudieran contener.

Tarea del legislador es gestionar bienes y servicios para los ciudadanos. Ello no ocurre; resulta imposible ver a un legislador en su distrito, trabajando en beneficio de sus representados. Y si el ciudadano acude a sus oficinas en el Congreso del Estado, por ejemplo, nunca está y si acaso llega a sus oficinas, no atiende a nadie. Por tanto, no hay nada, absolutamente nada que informar.

El gasto para la realización de tales “informes” es exorbitante: pago del lugar donde se lleva a cabo, renta de sillas y equipo de sonido, vallas, transporte de los acarreados, refrescos, gorras, playeras, despensas y tortas para los asistentes; pagos extraordinarios especiales para los organizadores, apoyos de agradecimientos a los líderes de colonias que juntaron gente para el acarreo, inserciones pagadas en medios de comunicación, por mencionar parte de la inversión.

En el caso de los senadores, han programado informes en cada cabecera distrital, lo que significa una erogación impagable… Bueno, sí, con dinero del pueblo. No hay uno solo que utilice su sueldo personal para sufragar todos los gastos. Por el contrario, cada uno pide recursos extraordinarios, como si el Estado estuviese en jauja.

Los informes de labores, deben suprimirse; en primer lugar, porque diputados y senadores, nada tienen que informar. Sabemos con certeza que son holgazanes, son solo una carga financiera para la sociedad. Segundo, porque esas actividades son una cortina para esconder graves violaciones a la ley electoral.

Y de forma tan descarada y cínica. El ejemplo más patético es el del diputado Enrique Zamora Morlet, quien rindió su “informe de labores” en Tapachula, que no pertenece al distrito que dice representar: Huixtla. Zamorita busca ser candidato a la alcaldía tapachulteca. Como ese, hay infinidad de casos en los que se ha utilizado esa actividad con fines perversos.

Claro, con la complicidad o cuando menos, complacencia de la autoridad electoral que se niega a imponer los correctivos de ley.

Con todo, los informes no nos sirven de nada; no son éstos, indicativo que las cosas del Estado marchen bien. La descomposición social, la crisis financiera y económica, la creciente desconfianza en las instituciones, se derivan precisamente de la falta de congruencia y compromiso de quienes no legislan y cuando lo hacen, lo hacen mal.

La exigencia es que desaparezcan ese tipo de eventos. Son solo actos de lucimiento personal que a la sociedad, no le dice nada bueno. Sería lo correcto, lo idóneo. 


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