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03/Mayo/2017 
Artículo Único
Angel Matio Ksheratto
Ulises, el criminal

“Amparado” —ante la posibilidad de un arresto bajo la acusación de crímenes de lesa humanidad—, el exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz, se presentó a un evento de poca trascendencia en la capital chiapaneca, a invitación de un grupo de priístas anquilosados, a quienes por su turbio pasado, muy poco toman en cuenta en el vetusto partido, cuya moral se debate entre escombros y ruinas.

Ulises Ruiz es sinónimo de traición, violencia, corrupción y crímenes. El número de muertos, desaparecidos y encarcelados durante el periodo que gobernó a su natal Oaxaca, es hasta hoy, incuantificable. La tiranía con que administró a ese estado, solo puede ser comparada con la que casi paralelamente, ejerció Pablo Abner Salazar en Chiapas.

Campesinos, maestros, estudiantes, obreros, amas de casa… Todos fueron víctimas de su irracionalidad. De hecho, estudios médicos serios, revelaron que el ahora “benefactor” de los priístas desplazados, padecía esquizofrenia crónica, además de delirios varios que le obligaban a tomar decisiones violentas contra sus adversarios, a muchos de los cuales, según testimoniales de algunas víctimas, torturó personalmente.

Las investigaciones federales en su contra, sin embargo, fueron frenadas en su momento por el exlíder nacional del PRI, Humberto Moreira, a quien autoridades españolas retuvieron unos días bajo cargos relacionados con el crimen organizado.

No obstante, en dependencias de alto nivel, se mantiene una investigación de bajo perfil por posible desvió de fondos públicos en el área de salud, de donde, se presume, pudo haber sustraído millonarias cantidades para construir un complejo médico particular en la Ciudad de México, propiedad de la madre y esposa de Ruiz Ortiz.

Solo en ese rubro, el exgobernador oaxaqueño desfalcó al gobierno Federal por poco más de siete mil millones de pesos, delitos por los que la Secretaría de la Función Pública y la Procuraduría General de la República, mantienen una abierta una carpeta de investigación, razón por la que, dadas sus relaciones con el Poder Judicial de la Federación, ha logrado un amparo, ante la posibilidad de un eventual arresto.

Así llegó a Chiapas. El “amparo” en su bolsa, no le sirvió para protegerse de un grupo de maestros que lo persiguió hasta que hubo de buscar refugio. La “calidad moral” con que en los últimos meses se ha presentado el corrupto exdictador del vecino estado, no ha sido suficiente para lavar su imagen, una que por cierto, es muy parecida a la de sus correligionarios que le invitaron a un estado donde su partido, no pasa por los mejores momentos. Los personeros del viejo y prepotente PRI, que buscan atrincherarse en lo más vil y sucio del partido, para alcanzar prebendas diversas.

Las reiteradas violaciones a los derechos humanos mediante desapariciones forzadas, encarcelamientos injustificados y bestiales torturas, marcaron la administración del que hoy, se alza como el baluarte de la democracia interna de un partido con serios problemas de credibilidad y confianza. ¿Cómo confiar en quien es acusado de haber ordenado la masacre de maestros rebeldes a sus dictados?

Da la impresión que la facción del priismo desorientado que le trajo a la entidad, quiere enviar un tenebroso mensaje: no interesa a sus integrantes Chiapas como estado, sino como botín, lo cual desfigura sus pretensiones electorales, que es lo que se ve a leguas. Confirman con ello que solo buscan los recursos financieros para enriquecerse, no para lograr el desarrollo del estado más empobrecido y marginado del país.

Hay “sumas que restan”, decían los viejos políticos mexicanos y éste, es un caso típico. Ulises Ruiz, no solo resta, sino que es en sí, un mensaje de terror que debe alertar a los chiapanecos para no caer, otra vez, en manos de grupos minoritarios que intentan socavar las pocas estructuras que aún quedan en el estado.

La presencia de un político de la talla de Ruiz Ortiz en Chiapas, es señal que un grupo de priístas, lisiados políticamente hablando, le apuestan al continuismo de la corrupción, del saqueo y la violencia institucional contra quienes quieren un cambio de verdad, contra quienes luchan porque se erradique la corrupción y la impunidad. 

Sobre el exgobernador de Oaxaca, pesan serias y graves acusaciones; abrirle espacios es otorgarle impunidad. Es dar la espalda, no solo a los millones de oaxaqueños agraviados, sino a todos los mexicanos, principalmente a los chiapanecos. Chiapas no debe ser paraíso de corruptos y asesinos.

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