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31/Mayo/2017 
Artículo Único
Angel Mario Ksheratto
La cadena de corrupción

Las tronantes acusaciones de la diputada veracruzana Eva Cadena, contra su expartido MORENA, no extrañan ni escandalizan; de cierto se sabe que todos —absolutamente todos— los partidos políticos, hacen mal uso del erario y de los fondos ilícitos que obtienen mediante componendas y complicidades. La organización política a la que la cuestionada legisladora pertenecía, no hace la excepción en materia de corrupción, lo cual quedó evidenciado desde que ella aparece recibiendo fajos de billetes.

La autodefensa de quien días antes fue ampliamente elogiada por el dominante líder partidista y virtual candidato presidencial, fue tan endeble, como los argumentos de los aliados de Andrés Manuel López Obrador, a quienes se les acusa de manejos turbios en las fracciones parlamentarias.

Ni Cadena ni sus acusados en ésta nueva fase de la telenovela que han armado en torno a sus complots y corruptelas, han mostrado pruebas contundentes, lo que hace de todo, aparentes inventos que solo enlodan aún más a su dirigente, cuyo plumaje vemos más manchado que el fondo del pantano mismo.

En una cosa tiene razón la diputada: fue utilizada y luego, desechada. Sorprende la prontitud con que amigos y enemigos de López Obrador, la señalaron e incluso, promovieron su desafuero. El mismo dirigente de MORENA se desatendió de ella, a pesar del caudal de aplausos que le tributó días antes… Como en la mafia, ni más ni menos; quien hace bien su chamba, es retribuido ampliamente. El que falla, es eliminado.

Pese a las explicaciones ofrecidas éste miércoles y que fueron tomadas como un intento para desacreditar a MORENA a apenas unos días de la crucial elección en el Estado de México, nada ha quedado claro, puesto que los protagonistas del affaire, han encontrado refugio en verdades a medias y mentiras absolutas que no son reveladores sino más bien, esclarecedores de la forma de vida de quienes prometen rescatar al país de la corrupción, ¡con más corrupción!

La táctica parece ser la búsqueda de culpables. Es una vieja manía de la izquierda mexicana que ahora, no le está dando resultados contundentes como quisieran. En ese tenor, los implicados (incluido AMLO), buscan responsabilizar del asunto a los medios de comunicación. El planteamiento en sí es que, si los medios no hubiesen hecho públicos los videos donde Eva Cadena recibe dinero ilegal, nada extraordinario pasara en los intestinos de ese partido.

Debemos por tanto, entender que de no haber sido por esas publicaciones, el dinero ilícito hubiera llegado a manos del destinatario y abríase cumplido, sin sobresaltos, un acto más de corrupción. Nos deja entonces la impresión que las enojadas reacciones de todos ellos, se debe a la pérdida que significó y no la actitud de la principal acusada.

Sobre esa plataforma de suciedad, el sistema partidista mexicano pierde miles de bonos ante una sociedad cansada de políticos inescrupulosos. Porque si había una esperanza de rescatar a México de las garras de funcionarios rapaces, era MORENA, empero con lo hasta ahora visto, se pierde toda capacidad de confianza en esa agrupación, pero principalmente, de su líder.

En caso que, como acusan los morenistas, el show hubiese sido montado por la estructura PRI-AN para incidir en las votaciones del próximo domingo, el asunto se complica en materia de democracia efectiva, pues estaríamos a merced de un sistema ineficaz en el tema de la pluralidad, lo que traería como consecuencia, un mayor abstencionismo.

Pero el escándalo no compete solo al partido de Andrés Manuel. Todos los partidos incurren en las mismas anomalías. Los fondos públicos para la manutención del sistema de partidos, es insultante. Se gasta más en éstos que en programas para combatir la pobreza y garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Ello reabre el debate para una profunda revisión del gasto en cuestiones políticas. Ningún partido debería recibir dinero del erario para sufragar gastos y gustos personales de sus dirigentes, ni sus candidatos. Quien quiera tener un partido, que lo financie con aportaciones de sus militantes.

Resulta oprobioso que sean los mexicanos los patrocinadores de políticos superficiales y corruptos. Y no por decisión de cada ciudadano, sino por disposiciones complacientes del gobierno, en clara confabulación con sus “opositores”; en un acto de congruencia, éstos últimos deberían renunciar a tales privilegios. Erradicar la corrupción en el sistema partidista mexicano, debe ser un paso que debe darse cuanto antes. Seguir en el mismo esquema, solo traerá más confrontación, pobreza y marginación. No podemos seguir siendo un país de pobres, con políticos millonarios. 

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