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10/Mayo/2017 
Artículo Único
Angel Mario Ksheratto
El México violento

Los razonamientos del gobierno mexicano para desestimar el informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, denominado “Encuesta sobre conflictos armados 2017”, son de algún modo, ciertos; la institución que elaboró el informe, se quedó corta frente a la realidad del país en materia de seguridad y violencia. Una síntesis del libro publicado en Estados Unidos, ubica a México entre los diez países más violentos del mundo, superando a Afganistán y Somalia y un punto debajo de Siria, sumida en una cruenta guerra interna.

Ahora bien, la estadística local es abrumadoramente superior a los tanteos que hacen los expertos del IIEE, quienes por cierto, omiten el uso de la tasa de homicidios per cápita que hace del informe, un tanto subjetivo, lo que desde luego, no resta importancia a la grave crisis que se vive en el país.

Es imposible negar que se vive un conflicto armado de gran envergadura en México. La utilización del ejército para controlar y someter a los grupos armados pertenecientes al llamado “crimen organizado”, es reveladora para quienes estudian ese tipo de fenómenos y por supuesto, los resultados en materia de mortalidad, indican con claridad que se viven las consecuencias de una guerra interna.

Basados en ello, resulta irresponsable que las secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores, minimicen el documento en mención, toda vez que lejos de contrarrestarlo, le dan valor probatorio ante la comunidad internacional y dejan a la administración de Peña Nieto, como una de las más mentirosas.

Y lo es; nada de lo que hagan o digan para ocultar la realidad en materia de seguridad, va a cambiar la crítica situación de un país que vive bajo signos de violencia imparable. “Sus conclusiones —dicen ambas dependencias refiriéndose al informe del IIEE—, no tienen sustento en el caso de México.”

Hay que aclarar que el reporte mencionado, retoma cifras sobre la violencia en el país durante el año pasado. Las estadísticas del 2016, son de terror: un promedio de 56 homicidios diarios. En comparación con el 2015, según cifras oficiales, éstas se elevaron a tres mil 500 crímenes, aunque algunas organizaciones independientes, manejan números mucho más altos, mismos que conforme pasa el tiempo, se han ido confirmando. En total, el gobierno de Peña Nieto admite que el año pasado, se cometieron casi 20 mil asesinatos.

En otra parte de la respuesta de la SRA y SEGOB, afirman que la violencia se ha focalizado a determinadas regiones del país. Ello contradice el informe del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el que se establece que en el 2016, la violencia se extendió al 75 por ciento del país. En lo que va del presente año, los hechos violentos ya no solo se limitan a acciones contra el narcotráfico, sino que se han extendido contra organizaciones sociales y civiles, como ocurrió recientemente en Puebla.
Ocultar información o maquillarla, no le ayuda a la administración actual. “La existencia de grupos criminales no es un criterio suficiente para hablar de un conflicto armado no internacional”, responde el gobierno de México… Pero en otra parte, se contradicen al reconocer que la guerra contra el narcotráfico, es un conflicto que se comparte con Estados Unidos, Belice y Guatemala. ¿Qué es entonces lo que México enfrenta? Un fenómeno regional, se dice oficialmente.

Si hablamos de criterios, los del gobierno peñista, están disociados de la verdad; no corresponden a lo cotidiano, ni a lo que se vive en estados como Tamaulipas, Nuevo León, Veracruz, Michoacán, Guerrero, Sinaloa, Tabasco, Nayarit y otros estados donde la violencia ha mermado a la población de manera espantosa.

¿Cómo, si no guerra, debe llamársele a una confrontación multipartita? El gobierno mexicano debe reflexionar antes de apresurar respuestas a sus críticos. No debe adelantarse a un terreno en el que tiene perdidas todas las esperanzas de convencimiento. Estamos en medio de una guerra. Tenemos un número elevado de muertos derivados de ésta. Uno de los argumentos para defender al gobierno es que Honduras y El Salvador tienen un índice de criminalidad mayor.

Es eso cierto; pero son países proporcionalmente menores en cuestiones de territorialidad y con condiciones distintas. Acá hubo una declaratoria formal de guerra por parte del expresidente Felipe Calderón. Esa guerra sin estrategia, ha dejado miles de muertos y no ha sido frenada por el gobierno de Enrique Peña Nieto. ¿A quién quieren, entonces, engañar? Antes de abrir la boca, deben ver bien la realidad.. 


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