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15/Marzo/2017 

Su desconocimiento se refleja en la falta de pericia para presentar proyectos sólidos ante las instituciones que financian paralelamente a las universidades.

Por Sarelly Martínez Mendoza
A seis meses de haber asumido la rectoría de la Unicach, el notario Adolfo Guerra Pérez está encaminando a esa institución a la crisis más grave desde su fundación en 1995, con la acumulación de pasivos que se deben, en buena parte, a su falta de oficio para gestionar recursos.
Ante esa situación de déficit, el rector ordenó recortar cinco millones de pesos a 19 posgrados, con lo que pone en riesgo a nueve programas de maestrías y de doctorados inscritos en el Padrón Nacional de Excelencia de Conacyt, y a los 11 restantes que aspiran a recibir apoyos de esa institución federal.
El recorte afectará la movilidad académica de estudiantes y profesores, la impartición de cursos por parte de académicos visitantes, la compra de material bibliográfico y, en general, la operatividad de las maestrías y doctorados que oferta la Unicach.
Ninguna universidad en Chiapas, y prácticamente en México, tiene asegurado los recursos económicos para su funcionamiento cabal; por eso los rectores, aparte de ser destacados administradores, deben ser hábiles gestores para obtener financiamientos de proyectos estatales, nacionales y hasta privados.
Los rectores que creen que administrarán la abundancia, como ha pensado Adolfo Guerra Pérez, encarrilan a sus universidades al retroceso académico y a la acumulación interminable de pasivos.
Su desconocimiento se refleja en la falta de pericia para presentar proyectos sólidos ante las instituciones que financian paralelamente a las universidades, como la SEP, Conacyt, Hacienda y la Cámara de Diputados, amén del despilfarro de él y de su equipo cercano.
Para que los posgrados sigan perteneciendo al Padrón Nacional de Excelencia de Conacyt, de donde obtienen casi todos los recursos para su funcionamiento (unos 20 millones anuales, aproximadamente), requieren sin embargo los apoyos que ahora el rector les ha eliminado de tajo.
La Unicach, fundada por el doctor Andrés Fábregas Puig, tiene una buena tarjeta de presentación: es la segunda institución del sureste con el mayor número de profesores con el grado de doctor y la octava con perfil deseable Prodep (un 46.1 por ciento de sus docentes).
En cuanto a profesores, profesoras, adscritos al Sistema Nacional de Investigadores, la Unicach ocupa el tercer lugar, por detrás de la Universidad de Quintana Roo y de la Universidad Autónoma de Yucatán, y cincuenta de sus 195 académicos tienen la distinción del SNI.

Todas estas buenas cifras pueden quedar en el olvido, porque el rector, quien se ha dedicado la mayor parte de su vida profesional a su notaría y alcoholismo, desconoce las tareas sustantivas de la universidad, y de su papel como gestor fundamental de recursos, amén de su habilidad y honradez como administrador.
Las sedes regionales se encuentran en total abandono por qué no les ha liberado  recursos para su funcionamiento y se quedó con el dinero de las becas de manutención de alumnos de escasos recursos económicos por qué todo el prepuesto  la gasta en sus veladas románticas.
Al paso que va, la posibilidad de convertir a esta universidad de régimen solidario, que actualmente posee, a universidad pública, será muy complicado, no obstante que es promesa de él y demanda de todos los trabajadores de esta institución, porque permitiría homologar salarios, ingresar a programas de estímulos y demás beneficios que conlleva pertenecer a esa modalidad.
El retroceso, sin embargo, empieza a vivirse en esa institución tan importante para la educación superior en Chiapas.
 La designación del notario Adolfo Guerra Pérez como rector de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach) abre la mayor fractura y el mayor cuestionamiento que ha vivido esta institución desde que fue creada en 1995.

La junta de gobierno inopinadamente se inclinó por un personaje gris, sin carrera en la educación superior ni en la difusión ciencia no ha publicado siquiera un artículo académico ni mucho menos ha realizado tareas de investigación.
Con ese perfil, el nombramiento de Adolfo Guerra significa un menosprecio a la actividad académica y de investigación que desarrollan hombres y mujeres comprometidos con la comunidad unicachense.

La Unicach, que ha construido en sus 21 años una historia destacada, debería ser gobernada por verdaderos académicos, con capacidad y claro compromiso institucional.

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