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11/Enero/2017 
Artículo Único
Angel Mario Ksheratto
Descarada carta de renuncia

Beimar Palacios Arreola —empotrado en la UNACH desde el año 2008—, ha escrito la carta de renuncia más garrafal y absurda que se haya articulado jamás; pero más allá del exceso axiomático de la epístola sin ninguna intención institucional, refleja su absoluto desconocimiento de las formas más simples de comunicación interna oficial y revela los contubernios y componendas al margen de la Ley Orgánica de esa casa de estudios, en el caso de los nombramientos de directores para las diversas facultades. 

No se trata de la utilización inocente de términos lingüísticos, sino del cinismo y descaro con que Carlos Eugenio Ruiz Hernández, el rector, maneja la máxima casa de estudios de Chiapas. Pone al descubierto la red de complicidades y las intenciones alevosas con que se imponen directores, aun en facultades donde debe procederse con cautela, respeto al alumnado y suma delicadeza.
Se trata de la designación del Director de la Facultad de Derecho, Campus III, con sede en San Cristóbal de las Casas; es ésta, como todos sabemos, una Facultad contestataria y exigente. Complicada, sin llegar a la desproporcionada conflictividad permanente. Ya muchos aspirantes a la dirección, han fracasado en su intento, por no reunir los requisitos legales o por ser, simplemente, impuestos a voluntad del rector.
Palacios Arreola, no llegará precisamente por consenso de alumnos y docentes, sino por imposición rectoral, cuyo Consejo Universitario, no goza de independencia de criterio; por el contrario, se apega, una y otra vez, a los dictados de Ruiz Hernández que al mismo tiempo, recibe instrucciones externas. Recurro al pretérito imperfecto “llegará”, porque es un hecho que éste jueves asuma el cargo, luego de la “revisión” del Consejo Universitario.
Fue el propio rector quien lo metió a la terna de aspirantes. Es potestad suya, claro está, pero no lo ha hecho por méritos a la población universitaria, sino en agradecimiento a triquiñuelas que ha llevado a cabo para desfavorecer a los trabajadores de la UNACH y afectar los derechos de los alumnos. No ha sido, el hasta hace unas horas Director Jurídico, un hombre de buenas intenciones y mucho menos, estudioso notorio del derecho. Ha sido un burócrata más que se ha dedicado a obstaculizar el avance universitario y a aprovechar oportunidades para agenciarse recursos públicos, como sucedió, por ejemplo, con la construcción del estacionamiento de esa escuela, cuyo costo alcanzó más de 21 millones de pesos. Si se investiga ese asunto, saldrá la podredumbre en grande.
Ahora bien, el Capítulo X de la Ley Orgánica de la UNACH, establece en el artículo 29, párrafo III, que para ser director de una escuela o instituto, el aspirante debe “ser docente o investigador en la escuela o instituto de que se trate o en un afín de la universidad, con una antigüedad mínima de tres años”. Está claro que el susodicho, no es docente activo ni es investigador de la Facultad de Derecho en San Cristóbal de las Casas. 

Era Director Jurídico, como él mismo establece en la descarada misiva que da pie a éste artículo. Es una pieza de antología el texto; vean: “En razón de lo anterior (líneas arriba admite que la terna la elaboró y envió el rector), y solo en el supuesto de que fuere preferido para ocupar tan honroso cargo, presento a usted mi RENUNCIA (sic) al cargo de DIRECTOR DE ASUNTOS JURÍDICOS (sic) de la Universidad Autónoma de Chiapas, el cual me fue conferido con fecha 21 de abril del año 2008…”.

“Solo en el supuesto”. Es decir, si no quedare como director de dicha Facultad (cosa que vemos imposible porque lo de la terna fue solo para tapar el ojo al macho), su carta de renuncia, dejaría de tener efecto. Y regresaría a ocupar el cargo de Director Jurídico. ¡Que conveniente! ¡Que cinismo! Nadie elabora una carta de renuncia imponiendo condiciones. Esto refleja los malos manejos dentro de la casa de estudios más importantes de Chiapas. Significa que ahí, han malentendido la autonomía y han convertido a las facultades, en moneda de cambio o lo que es peor, en mercancía barata, en pos de un control dictatorial de alumnos y docentes.

Los antecedentes en la Facultad de Derecho de San Cristóbal en torno al tema de los directores, no garantizan esa imposición burda y grosera. Se ha sugerido en infinidad de ocasiones que en ese caso específico, se consulte a la comunidad universitaria, para evitar posteriores conflictos. No han hecho caso y ésta vez, parece que cometerán el mismo error de cálculo y lo único que lograrán, es remover el avispero. No entienden. 

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