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22/Noviembre/2016 
LETRAS DESNUDAS
MARIO CABALLERO
QUE LA TOLERANCIA NO SEA SÓLO UNA EFEMÉRIDE
La semana anterior la niña Andrea Lomelí nos dio una lección de vida al corregir públicamente al secretario Aurelio Nuño Mayer, al decirle que no se dice “ler”, sino “leer”, pronunciando bien la doble “e”. El momento fue simpatiquísimo ver cómo una pequeña de tercer grado de primaria exhibió al alto funcionario que para el colmo tiene el grado de maestro en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Oxford. 

Al ser entrevistada, curiosa de las noticias, Andrea dio una observación punzante: “Lo que me preocupa más es que nuestro presidente no sepa tanto. Sus frases que inventa (como) ‘lo bueno casi no se cuenta’ no me gustan porque esa frase es un poquito ridícula. Porque lo bueno no se debe contar, se debe ver”. 

El bochornoso momento que le hizo pasar la niña al secretario Nuño por mucho tiempo nos recordará la ignorancia de los gobernantes. Y también que uno a veces descubre niñas con opiniones tan propias como Andrea, a quien felicito. 

Cito a Andrea porque apenas el 16 de noviembre varios países en el mundo conmemoraron el Día Internacional para la Tolerancia, celebración instituida por las Naciones Unidas en 1996, y México no fue la excepción; Chiapas tampoco. 

¿Pero en realidad sabemos qué es la tolerancia o sólo la decimos por decir y la celebramos en una fecha específica para levantarnos el cuello y proclamarnos garantes de la justicia y la comprensión entre los pueblos?
TOLERANCIA EMPOLVADA
La palabra “tolerancia viene del latín tolerans, que significa soportar, tolerar. Es una actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas y actitudes de los demás aunque no coincidan con las propias. Comparado con el verbo griego tlénai, que expresa cargar y soportar, del cual surge el nombre del titán de la mitología griega Atlas, que luego de perder la lucha en la titanomaquia (serie de batallas que duraron diez años entre los Titanes y los Olímpicos) fue condenado para cargar el cielo sobre sus hombros. 

Sin embargo, en la práctica la tolerancia es una palabra empolvada, sin resonancia en los gobiernos y en las sociedades a pesar de que es la mejor ruta de trabajo para poner fin a la pobreza, el hambre, la desigualdad de género, la violencia, el racismo y para lograr el respeto a los derechos humanos y erradicar la discriminación. 

A conveniencia se le ha dado el significado de aguantar o resistir, llevar o sobrellevar, tanto algo material como espiritual, es decir, que a la tolerancia los gobiernos le dieron una relación de poder para dejar pasar los abusos, las violaciones, las arbitrariedades o bien para castigarlos. Un agente de tránsito tiene el poder para hacerse de la vista gorda y dejar que un automovilista sobrepase el límite de velocidad o puede levantarle una multa por violar la ley. Así de ventajoso. 

Hace unos días, el obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, dijo que “la legalidad no siempre es lo más conveniente para un pueblo”, refiriéndose al caso de Oxchuc donde el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó al gobierno del estado restituir en el cargo de presidenta municipal a María Gloria Sánchez pese a que en la población hay un gran sector que no la quiere. 

A veces lo que más necesitamos del obispo Arizmendi es su silencio, pues nunca desperdicies una oportunidad para callarte. Decir que la legalidad no siempre conviene para un pueblo es aceptar que el salvajismo es mejor que la civilidad, que violar a una mujer no es malo siempre que sea con condón, que en Oxchuc –como en cualquier otra comunidad indígena- lo que debe prevalecer no es la razón y el marco legal, sino la brutalidad, el atraso sociocultural, la imposición de la voluntad caciquil y la injusticia que, aunque sancionado por las leyes, están permitidas por los Usos y Costumbres. 

Si no es “ler”, sino “leer”; y si tolerancia no es permiso para delinquir sino un principio humano, una guía de comportamiento para la sana convivencia entre nuestros semejantes, ¿por qué en Chiapas hay tantas familias desplazadas de sus pueblos por practicar una religión diferente a la católica, por qué hay tanta discriminación por razones de género, raza, clase social, filiación política, etnia y por pensar distinto, por qué cada año aumentan las cifras por crímenes de odio contra mujeres y homosexuales? 

¿O será que estamos tolerando la ilegalidad, así como lo propone el obispo Felipe Arizmendi? Eso se llama impunidad. 

Parece que las autoridades se equivocaron. No hubo nada qué celebrar este 16 de noviembre. Menciono nada más dos ejemplos de la intolerancia en Chiapas: Cientos de evangélicos de las zonas Altos y Norte sufren amenazas de muerte y violencia y los maestros que no apoyaron el movimiento magisterial contra la reforma educativa son hostigados por profesores de la CNTE, los expulsan de las comunidades y les impiden ingresar a sus centros de trabajo por el hecho de pensar distinto. 

Antes dije que la niña Andrea Lomelí nos dio una gran lección de vida: corregir a un adulto mejor preparado tanto moral como intelectualmente en el uso correcto de las palabras. 

Si así como ella entendiéramos mejor para qué nos sirve la tolerancia, problemas como los de Oxchuc y Chenalhó se resolverían con facilidad a través del diálogo y la comprensión, poniéndose de acuerdo entre ellos, los pobladores, para construir un gobierno oficial, elegido por la mayoría mediante el voto libre, con el fin de acabar con la violencia 

que tanto daño le ha hecho al municipio. Aunque en estos dos casos el conflicto se volvió una guerra por la posesión del dinero público. 

Lo mismo aplica para los maestros de la CNTE, para las autoridades religiosas que impiden la libertad de credo en los pueblos indígenas, para los homofóbicos, para los gobernantes que deben conseguir una tolerancia más activa que privilegie el diálogo por encima de los enfrentamientos, y para la sociedad en general a la que le urge anteponer la empatía antes que los prejuicios, el entendimiento sobre la ignorancia. 

Chiapas es rico por la diversidad de etnias, lenguas, culturas, razas, tradiciones y capacidades, riqueza misma que dificulta vivir en plena paz y armonía. Pero si todos hacemos de la tolerancia parte de nuestra cultura, de nuestro lenguaje, de nuestra obligación cotidiana, lograríamos que las personas gocen de sus derechos coexistiendo en un clima de respeto en la que no haya víctimas de degradaciones, denostaciones y odio. 

PARA MAGDALENA
JUAN OSCAR TRINIDAD PALACIOS es como un mal hábito que todos quisiéramos patear… y con los dos pies. No solo ha usurpado el papel de ombudsman, sino además lo ha denigrado al hacer de él un lisonjero del gobernador, que ni le debe nada ni necesita de sus piropos. El Congreso del Estado debe tomar medidas más drásticas y echar a la calle a este viejo priista que tanto daño le está haciendo a Chiapas… PARECE que al matusalén de la colina universitaria todavía no le llega su segundo aire. Carlos Eugenio Ruiz Hernández se ha convertido en un estorbo para la UNACH. Y lo mejor que le podría pasar en estos momentos a la universidad para elevar su calidad educativa es que el rector renuncie. Pues ya se sabe: Lo viejo y gastado, ya no tiene una vida útil… Au Revoir.
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com

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