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16/Noviembre/2016 
Intervención del senador por el Partido Revolucionario Institucional, Roberto Albores Gleason, para referirse al punto de acuerdo por el que se confiere la Medalla de Honor Belisario Domínguez correspondiente al año 2016, al ciudadano Gonzalo Miguel Rivas Cámara (post-mortem). Martes 15 de noviembre de 2016.
 

Gracias, estimado presidente.
 
Responsabilidad y solidaridad por encima de crisis y afrentas, de antagonismos y malos tiempos, millones de mujeres y hombres de México guían su actividad diaria con la carga de esas palabras, que sin su trabajo, su esfuerzo y su disposición, quedarán huecas de significado.
 
Con ello se construye cada día el presente y el futuro, y no pocas veces con un heroísmo anónimo que no trasciende los reducidos límites del entorno doméstico laboral.
 
En los campos, en las calles, en las plazas, en los caminos, transitan silenciosamente millones de héroes, en su momento Belisario Domínguez fue uno de ellos, recibiendo angustiadas madres con sus hijos enfermos que nada tenían que pagar, pero que el médico solidario atendía y curaba.
 
Con esa misma convicción apoyó a los filántropos Crisóforo Albores y Antonio Alfaro, para construir el Hospital Civil de su ciudad, Comitán, y a causa de ello se enfrentó a la corrupción del poder, acusando a las autoridades de haber prometido el bien y no haber proporcionado sino males a la población.
 
Héroes y heroínas son los que ofrecen comida y consuelo a los migrantes, los que salvan a sus semejantes de las llamas, los que comparten sus conocimientos para dar futuro a los infantes.
 
Todos recordamos el caso ocurrido en 1907, cuando el maquinista Jesús García Corona salvó al pueblo de Nacozari, Sonora, de la embestida de un tren cargado con explosivos a cambio de su propia vida.
 
De esa altura es la acción de Gonzalo Rivas Cámara, el trabajador de una gasolinera en Chilpancingo, Guerrero, quien responsable y humanamente solidario impidió que el 12 de diciembre de 2011 las llamas producidas por el incendio de una bomba se extendieran a los depósitos de combustibles, cuya explosión hubiera significado cientos de muertos y heridos.
 
Gonzalo cerró las válvulas de seguridad, tomó un extinguidor y se dirigió a apagar el fuego, pero quedó bañado en gasolina ardiendo, agonizó durante 20 días.
 
Rivas Cámara, ingeniero en sistemas, originario de Veracruz, falleció a los 48 años, el 1 de enero del 2012, a causa de las quemaduras.
 
Su muerte salvó la vida de muchos de sus compatriotas, prestándole a la patria y a la humanidad un servicio invaluable, una muestra indiscutible de eminente virtud.
 
El sacrificio de Gonzalo Rivas encarna uno de los rostros más valiosos de la realidad nacional, el de la solidaridad cotidiana, la que explica que sigamos adelante día con día, la que no arredra ante los desafíos ni las inseguridades.
 
Ese México que sirve a los otros desinteresadamente con ánimo y valentía, cuyos rasgos se concretan en la diversidad de una población incansable, de una ciudadanía activa, ese país capaz de unirse y no caer en la indiferencia y la apatía, el México al que deben exaltar las instituciones de la República.
 
La acción de Gonzalo y alto precio que pagó por su ayuda, posiblemente hubieran sido olvidados a los pocos días.
 
Alguna nota periodística que al cabo de la sucesión vertiginosa de los hechos que escribe nuestra historia contemporánea, hubiera quedado sepultada y condenada a la ignorancia de sus propios deudores, como acontece en la mayoría de las valientes acciones de los héroes anónimos mexicanos.
 
No fue así, el tesón, la obstinación, el compromiso de otro mexicano lo impidió, Luis González de Alba nos lo recordó cada semana durante varios años, convencido de que si había un mexicano digno de recibir altos honores de la patria y el reconocimiento de sus conciudadanos, era Gonzalo Rivas Cámara.
 
Gonzáles de Alba sabía también muy bien los sentidos profundos de ser responsable y solidario, como dirigente estudiantil del 68, como escritor, divulgador de la ciencia y polemista, nunca abandonó hasta su muerte reciente su idea de contribuir a ser de la nuestra, una sociedad mejor sobre los principios de la diversidad, la divulgación del conocimiento y el disfrute de la igualdad de derechos.
 
Con su propio puño expresó, como un mexicano más de los conmovidos por el acto de heroísmo del trabajador Gonzalo Miguel Rivas Cámara, a la altura de Jesús García, héroe de Nacozari, propongo este héroe de Chilpancingo, el más alto reconocimiento de la República.
 
A esa voz se sumaron otras que desde distintos ámbitos sociales proclamaron la estatura moral, cívica y ética de quien en palabras del escritor Guillermo Sheridan, no se detuvo a calcular riesgos ni a sopesar alternativas, erradicó su instinto de supervivencia y puso en su sitio un impulso moral que, en un instante de insondable lucidez, lo llevó a hacer una transacción de vida con la muerte; la muerte suya por la vida de los prójimos.
 
En atención a lo manifestado y de acuerdo con lo establecido en el decreto de creación de la Medalla Belisario Domínguez, según el cual deberá ser otorgada a los hombres y mujeres mexicanos que se hayan distinguido por su ciencia y su virtud en grado eminente, como servidores de nuestra patria y de la humanidad, la Comisión Medalla Belisario Domínguez propone a esta soberanía que dicha Medalla sea otorgada post mortem, al ingeniero Gonzalo Miguel Rivas Cámara.
 
Gonzalo Rivas es el anhelo cívico de un México ético y consecuente con las demandas de la sociedad, desde las distintas voces que conforman el coro nacional.
 
Es un héroe de dimensiones civiles que encarna en su naturaleza aspiraciones y reclamos de una multitud silenciosa, pero de firmes convicciones.
 
Con esa determinación se reconoce el valor, la solidaridad, la entrega, el amor de los mexicanos y mexicanas, que en su heroica lucha diaria permiten el avance del país, y la permanencia de los principios que nos dan sentido como nación.
 
Se reconoce a las ciudadanas y a los ciudadanos honrados y dignos, y además valientes.
 
“Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes conocen el sabor de la muerte sólo una vez”. Dijo William Shakespeare.
 
De esa talla fue Belisario Domínguez; de esa talla han sido los héroes anónimos de todos los días.
 
Muchas gracias.



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