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26/Octubre/2016 
Al Son del texto
Tina Rodríguez

Seguramente aun en los partidos políticos no tienen definido un patrón de selección de candidatos a puestos de elección popular ya con la reforma política vigente.

El dilema es postular a candidatos populares que garanticen de cierta forma una copiosa votación y mayores posibilidades de éxito que otros con mayor experiencia, pero menos populares, aparte de que tenga una hoja social intachable, luego de la muy mala imagen que ganó el PRI con el ex gobernador de Veracruz, el PAN con el ex gobernador de Sinaloa, y el PRD con el ex gobernador de Guerrero.

En ese tenor en los últimos años hemos visto que se presenta otro fenómeno en la cuestión de candidatos, en los auto llamados líderes naturales o morales; candidatos populares que se indignan cuando no son respaldados por su partido de origen, y buscan otras rutas para ascender al cargo que anhelan. 

También hemos visto que no pocos han sido los partidos que han perdido importantes parcelas de poder municipales, distritales y estatales, al optar por candidatos abalados no por su trabajo político o de base, sino por estar apadrinados por grupo o el gobernante saliente, perdiendo estrepitosamente.

Aparece también el hecho de que los partidos políticos han sufrido tremendas perdidas de imagen con candidatos populares que ya gobierno, representan fracasos monumentales, que es a lo que nos referíamos líneas arriba. 

Ya son cinco los casos de eso en el país en el presente sexenio, y todo inicia con Andrés Granier Melo, el tabasqueño priista aún en proceso, Guillermo Padrés y Javier Duarte ya perseguidos por la justicia, y en la mira César Duarte, Eduardo Borgues.

Hoy se dice que Granier Melo basó su don de gente, su amabilidad, su acercamiento a la población, por sus cerca de mil compadres y comadres y su procedencia de familias arraigadas en Tabasco durante largas décadas.

Javier Duarte de Ochoa no; aun su apellido sonórico, éste político es de los que llaman de la cultura del esfuerzo, pero cambió el estilo al llegar a ser séquito de Fidel Herrera.

A ello se le añadía lo que entonces fue visto como una ventaja, su escasa participación política. Su triunfo fue discutido por Yunes, el actual gobernador electo.

Bastó que iniciara su gobierno, para empezar a mostrar otra faceta; se rodeó de sus amigos para gobernar y procedió al saqueo del erario público y al abuso en los negocios gubernamentales. 

Parientes políticos y sanguíneos son ahora vinculados a sus negocios particulares, y hoy él y su mujer andan huyendo de la ley.

Guillermo Padrés es un panista en proceso de expulsión de su partido como lo fue Duarte el día de ayer del PRI.

Tres de sus cercanos funcionarios han sido ya detenidos y están bajo proceso y se supone que hablaron porque contrario a Duarte a Padrés sí lo busca la interpol, lo que quiere decir que se tienen datos que salió del país, no así Duarte.

Con todo y eso veremos lo mismo en las elecciones de 2017: la imposición, el tráfico de influencias y toda esa parafernalia para lograr candidaturas que pueden salir torcidas como las descritas.

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